¿Alguna vez has agarrado una toalla recién lavada, la has estirado frente a ti y te has quedado mirando esa franja que la cruza de lado a lado preguntándote: “¿y esto para qué es?” No estás solo. Esa raya —o borde decorativo, como algunos la llaman— ha despertado la curiosidad de muchísima gente. Está ahí desde siempre, la vemos en casas, hoteles, gimnasios y playas, pero casi nadie se detiene a pensar en su verdadera razón de ser. Y no, no es solo un capricho del diseño.
Lo curioso es que la mayoría asumimos que esa franja está ahí “porque sí”. Que si para que la toalla se vea más bonita, que si para distinguir la parte de arriba de la de abajo, o incluso para saber dónde doblarla. Pero la realidad es que esa raya tiene una historia interesante y varias funciones prácticas que explican por qué sigue existiendo incluso en las toallas más modernas.
📌 IMPORTANTE: El video relacionado a esta historia lo encontrarás al final del artículo.
Para empezar, hay que entender cómo se fabrica una toalla. A diferencia de otras telas, la toalla está diseñada para absorber agua, y eso se logra gracias a los bucles de hilo que sobresalen de la superficie. Esos pequeños “pelitos” que sentimos al tacto son los responsables de secarnos después de una ducha. Ahora bien, esos bucles, aunque súper eficientes para absorber, también son delicados. Si toda la toalla fuera igual, sin ningún tipo de refuerzo, se deformaría con facilidad, especialmente después de muchos lavados.